LOS ESCALONES
He aquí, practicando el scalonning en el fuerte Amber de Jaipur, a una digna representante de la agrupación folclórica «Los/las alegres compadres/comadres de Windsor/Alicante». Obsérvese su elegancia, su soltura, la manifiesta agilidad.
Se aprecia fácilmente que esta señora es de estirpe ibérica, caracterizada por su porte atlético y su gran pureza racial. Bueno, surge de una mezcla de árabes, judíos, godos, romanos, iberos, celtas, hawaianos, beluchistaníes y, sobre todo, manchegos (concretamente, de Chinchilla), pero eso carece de importancia a la hora de certificar su pedigrí.
En suma, esos escalones son pan comido porque, además, ella me confesó que hace 200 flexiones diarias de sillonbowl, 69 de netflixbowl, una sesión de parchís y otra de chinchonbowl. Deportes ellos muy duros y sufridos que, créanme, no están al alcance de cualquiera. Especialmente, el chinchonbowl, pues lo lleva a cabo junto con otras representantes de tan activa agrupación, cruzándose apuestas con garbanzos. Y vaya por Dios, que alguna se ha tenido que volver a su casa sin bragas y a lo loco.
También me contó un secreto: que ya está hasta el moño de ser vegetariana y de comer moniatos y lentejas (que luego, por la noche, no veas). Para el próximo año tiene previsto iniciarse en el tremebundo y peligrosísimo ejercicio del «Cervecing with taping». Una «taping» en la cual alternará tortilling, jamoning and salchichoning. Y tachiiin!, la inefable exquisitez de la gastronomía mediterránea: el choricing!
Tela marinera!







