En un país muy lejano hubo una vez un anciano con tanta fama de asceta que sus vecinos se esforzaban y rivalizaban por interpretar sus sueños. Un día, dijo: “Vi un hombre de gruesos muslos, de recios brazos y pecho fornido. En una ocasión, no reconoció a su hijo. Ofendido este, se burló de él que, furioso por ello, le cortó la cabeza. Enterada la madre, le reprendió airada y el hombre, con el afán de compensarla, hizo que un elefantito que por allí pasaba se transformara en su nuevo hijo, que de mayor adquiriría gran sabiduría”. Le preguntó la gente como se llamaban el padre y el hijo, y el anciano, que no lo sabía, se inventó dos nombres. Caprichosamente, a uno le llamó Shiva y al otro Ganesha. Entonces, un oyente dijo: “Oh, Shiva es tan destructor y poderoso que debe ser un dios”. Añadiendo otro: “Y Ganesha es tan sabio que también merece serlo”. Todos, necesitados como estaban de entes espirituales que les ayudasen a sobrellevar sus mundanales penurias, aceptaron aquello sin dudarlo. Y luego les compusieron ritos y oraciones, les esculpieron estatuas y se las llevaron en procesión. De esa manera, fueron repitiendo los ceremoniales de pueblo en pueblo hasta que, poco a poco, se hicieron costumbre. Pasaron los años, y el anciano murió, pero para las gentes aquello se había convertido en algo tan trascendental y sagrado que, de hecho, llegaría a ser uno de los cimientos primordiales de su religion. Y con gran fervor, la practicarían a diario, llegando a construir bonitos templos en sus propias casas, donde adorarían a esos dioses.
Nadie, con el tiempo, se acordó de que todo ello se había derivado simplemente de la interpretación de uno de los muchos sueños de un anciano olvidado.
Algunos dicen que de esa forma tan sencilla y azarosa es como nacen las religiones y que, en definitiva, solo son delirios. Pero otros creen que los dioses, en su omnipotencia , se sirven de los sueños de los elegidos para inspirar a los seres humanos a fin de que reconozcan su divinidad. ¿Alguien sabe a ciencia cierta cuál es la versión correcta? ¿O será lo mejor dejarlo al albur de cada uno?







