EL SANTUARIO ITSUKUSHIMA
Visitantes que venís de allende los mares, os invitamos a ver nuestra morada. Primero, atravesad la puerta, de estilizadas columnas rojas. Luego, caminad un trecho sobre la larga pasarela que, como la puerta, se mece con las olas del mar y se airea con los vientos que bajan desde las verdes colinas. Subid entonces la escalera, pero antes, pedid permiso a nuestros dos feroces guardianes, uno con la boca abierta y el otro con la boca cerrada. Nos protegen, y ay si no les gustais. Os ensartarán con sus espadas flamígeras. Pero decidles: los dioses nos han invitado, y entraréis. Cuando lleguéis a nuestro santuario, que han edificado humanos como vosotros, tened cuidado otra vez. No dos, sino veinte son ahora sus guardianes. No les temáis y repetid la consigna. Veréis entonces nuestra morada. Está ricamente adornada, con alfombras y tapices, estatuas y cuadros de vivos colores. En ella, la eternidad es nuestro tiempo, y vuestras oraciones y el incienso que quemais, nuestro aliento. Marchad luego en paz. Esperamos que hayáis disfrutado de la visita. Pero antes de despedirnos, una cosa os decimos: algún día volveréis a entrar… Y nunca saldréis.







