EL TREN BALA
Le pregunté al bardo si sabía por qué a los hombres les gusta tanto la velocidad.
Me dijo que la velocidad es la vida. Porque, qué es la vida? Un frenesí, una ilusión…
Pero, le objeté:
Corriendo, no aceleramos nuestras vidas, de por sí breves?
Y él me contestó:
Se apaga el Sol, por mucho que brille? Desaparecen las aguas del mar, cuando el viento las empuja impetuosas contra la costa?
Muere el colibrí, después de agitar frenéticamente sus diminutas alas?
Nuestro fin, no por correr más, llega más pronto.
Así son nuestras vidas: siempre en movimiento, siempre veloces, pero su final llegará solo en un momento dado (y obvio):
Cuando nos detengamos.







