LOS TRES RONDAVELS
Capítulo 1
Cuenta la Historia que en el mes de noviembre de 1862, los bapedi, liderados por el legendario jefe Maripi Mashile, se enfrentaron a los invasores suazis en una gran batalla cerca del cañón del río Blide. Vencieron después de sangrientos combates, y cuando Maripi volvió a su poblado, vio alborozado cómo sus esposas le salían al encuentro para celebrar con él el gran triunfo. Todo en ellas fue alegría y agasajos, vítores y abrazos, besos y arrumacos… Pero faltaban tres.
Preguntó por ellas, y nadie supo qué contestarle. Muy preocupado, ordenó a varios de sus hombres que indagaran su paradero pues, en una primera búsqueda, se comprobó que habían desaparecido de la aldea. Pasaron varios días y, cuando volvieron los exploradores, les preguntó por su paradero. Pero ninguno le supo dar razón. Habían desaparecido misteriosamente.
Qué les podía haber ocurrido? Las había secuestrado alguna partida de los miserables suazis? Habían sido atrapadas por una manada de leones para devorarlas en su cubil?
Nada bueno podía haber sido por lo que, angustiado, el gran jefe de los bapedi se mesó los cabellos, se rasgó las vestiduras, se rascó las axilas (por las pulgas), las ingles (por las ladillas), y lloró amargamente.
Y entonces, cuando una tristeza sin par invadía tanto su corazón como el de sus otras esposas… aparecieron Magabolie, Mogoladikwe y Maseroto, que así era como se llamaban. Venían cantando alegremente, contándose chanzas y riendo a carcajada abierta.
El jefe y la tribu entera se quedaron estupefactos. “Felices os veo -les dijo Maripi-. Tal vez se debe a la celebración de mi victoria?”
Una de ellas respondió por las tres: “Por supuesto, amado mío, y nos hemos bañado en el río y acicalado para que nos veas hermosas y lozanas. Todo por tu gloria. Bendito seas, tú que nos cuidas y proteges a tu pueblo con tus fuertes brazos.”
Sin embargo, esta respuesta no convenció al jefe, pues para todo ello, qué necesidad tenían de haberse ausentado tantos días? Su despreocupación, sus motivos banales, su prolongada ausencia, junto con sus labios lascivos, las sonrisas forzadas, las miradas esquivas… Para él fue obvio que mentían y que sus corazones escondían letal ponzoña.
Mandó entonces que preguntaran, que sonsacaran la verdad por toda la tribu. Y finalmente…
Capítulo 2
Durante esos días, tres mancebos también habían desaparecido misteriosamente. Dónde estuvieron? A dónde fueron? Nadie lo sabía.
De hecho, cuando volvieron, ni siquiera a sus padres les dieron una razón convincente.
Maripi los hizo llamar, para luego hacerlos interrogar “duramente”… Hasta que su resistencia se quebró.
La verdad era que los tres habían estado con ellas y, durante ese tiempo, mientras él y sus bravos guerreros luchaban con denuedo para salvar la tribu, se habían solazado y entregado al desenfreno y la lujuria.
Sabido esto por todos, las esposas de Maripi pidieron justa venganza, y la tribu entera reclamó las cabezas de las adúlteras para que fueran expuestas en sendas picas a la entrada del poblado. Así era la Justicia de los bapedi, y así se habría de cumplir.
Los tres jóvenes fueron empalados, y su carne se convirtió en pasto para hienas y buitres a pesar de las desgarradoras súplicas de sus familias
Sin embargo, cuando les llegó a ellas el turno, el gran jefe paró la sentencia. No le complacía. Escasa era para él, pues su cuerpo y su alma ardían de indignación.
Llamó entonces al chamán de la tribu, Ngele Uma, cuya fama trascendía fronteras, y le exigió con voz solemne: “He aquí tres viles hembras, que han mancillado mi honor y con él el de todo nuestro pueblo. Merecen un castigo ejemplar, un conjuro terrible. Y yo, el gran jefe de los bapedi, querré ser su amo y señor y que me sirvan eternamente “.
Esto le contestó el brujo: “Tus deseos son órdenes, tu palabra es la ley. Eso haré y quedarás saciado”.
A continuación, Ngele Uma convocó con hechiceras artes a los espíritus del cielo y la tierra, del fuego y del agua. Uno por uno, al del cielo le ofrendó plumas de águila, al de la tierra testículos de león, escamas de serpiente venenosa al del fuego, y piel de cocodrilo al del agua. Luego, con esencias de mandrágora y beleno preparó un brebaje ancestral, se lo tomó y, en evanescente estado de trance, los conminó a que le dieran una respuesta que satisficiera al gran jefe.
Entonces, sonó un gran trueno, las nubes se escindieron y de ellas surgió un rayo espectacular. Fue en ese momento cuando los espíritus, contentos con los regalos, hablaron: “En imponentes chozas las convertiremos, y de ellas jamás podrán salir ni nadie podrá entrar, pues la dura roca sellará sus puertas.”
Fue dicho eso, y la sentencia se cumplió al instante. Magabolie, Mogoladikwe y Maseroto se habían transformado en tres inmensas y majestuosas montañas en forma de chozas, los llamados rondavels.
Pasó el tiempo, y murió Maripi de forma natural. Y entonces el brujo, su leal servidor, de nuevo convocó a los espíritus, de nuevo les ofrendó regalos y de nuevo cumplieron su deseo. Lo transformaron en la gran cima montañosa a cuyos pies reposarían sus tres infieles esposas, para que le rindieran eternamente la pleitesía que en su momento le escatimaron.
(Esta bellísima historia ha sido tomada literalmente de la famosa y rigurosa enciclopedia “Hanskarchofen Histioriae as veridikarum und subanbagen”.)







