LA CAMA
(16 de diciembre de 1880, a las 22’38h. Transcripción rigurosamente fidedigna del diálogo entre Mr. Kruger y su esposa, Gezina, en su lecho conyugal.)
-Señora mía, un pajarito me acaba de decir que hoy toca…
-Marido mío, exactamente, ese pajarito qué ha dicho que toca, un pito o una pelota?
-Ni lo uno ni lo otro! Lo que toca es un cañón!
En ese momento, entra en la habitación uno de los vástagos de la pareja. Visiblemente alterado, grita:
-Padre, madre! Ya ha empezado la guerra?
-Hijo número dieciséis -contesta Mr. Kruger, muy enfadado-, pareces tonto! No ves que, al estar tan juntitos, nos aprestábamos como quien no quiere la cosa a gestar el diecisiete?
En eso, a la mujer le da un sofoco y, con un tono ciertamente angustioso, replica:
-No, por favor, otro más no!
(Y así, de esa forma tan abrupta, fue como terminaron las hazañas procreadoras del presidente Kruger. Teniendo la culpa de todo el pérfido Imperio Británico porque, justo ese infausto día, le declaró la guerra a la República de Transvaal.)







