LA FAMA
Fama: dícese de la opinión que la gente tiene de alguien o de algo.
Muchos son los casos que se pueden citar: la que se han ganado los ingleses de flemáticos, los franceses de chovinistas, los italianos de dandis y macarrillas, los serbios y croatas de marrulleros, los suecos de indiferentes, los alemanes de cuadriculados…
Otra fama, muy recurrente, es la que tienen los españoles de tacaños. Es ya tan proverbial que cada vez más abundan los guías de turismo que nos rehúyen. Saben que las propinas serán inexistentes salvo las excepciones que confirman la regla. Antes, pues, preferirán grupos de alemanes, ingleses, franceses, etc. Los ejemplos abundan a poco que lo observemos durante cualquier viaje. Si visitan la iglesia medio en ruinas de un pueblecito hundido en la miseria, no darán ni una insignificante moneda dado que carecen del sentido de la solidaridad hacia los desfavorecidos. Pero harán cientos de fotos procurando, eso sí, que la torre del campanario no se derrumbe sobre ellos por falta de dinero para restaurarla. Luego, también podrán ver un espectáculo folclórico organizado y trabajado por gente pobre de solemnidad, que continuará exactamente igual de pobre a su paso. O se lo pasarán en grande con los esfuerzos de un músico (que vive de las propinas), o de cualquier otro artista, y si acaso, se lo recompensarán con algo típico en ellos: el gracias y adiós (que apenas gasta saliva).
Sin embargo, hasta hace unas décadas no éramos así. Nos conocían como rústicos y ruidosos, pero igualmente como orgullosos y generosos. Y ahora, nos hemos convertido en personajes ególatras. Solo unos contados deportistas, con sus gestas, despiertan la admiración del mundo y nos salvan algo de esa imagen tan paupérrima.
Claro está que los países visitados tienen varias soluciones, fáciles a su alcance, para evitar esa actitud: obligar al pago de las propinas, lo que se da en países como EEUU y Canadá, introducir las tasas de turismo, medida cada vez más extendida, poner tarifas para ver los espectáculos, requerir el pago de los servicios…
Todo ello, tal vez, para no tener que llegar nunca al caso de que se aplique eso de que: “Así como tratas, así serás tratado”.







