OSAKA
Oh, digna ecclesia, os habréis preguntado por qué tanta gente corre en pos de la luz.
Es por el signo de los tiempos, marcado por sus excesos de iluminación y frenesí?
Es porque, ilusos como somos, nos creemos poseedores de la eterna juventud?
O por saber que nos encontramos en la cima de la Historia de la Humanidad?
En nuestra soberbia, alteramos el reloj del tiempo, ese que marca nuestras vidas. Su péndulo hace tic-tac, pero a cada día que pasa aumentamos, conscientemente, el tic a costa de disminuir el tac.
Y cuando el tac desaparezca…







