Observad que estas niñas, de tan escasa edad, ya portan sumisos velos cubriéndoles lo que para los musulmanes es el culmen de la belleza: la cabellera. Como tal epítome, debe ser, según ellos, oculto a los ojos de la lascivia y solo puede ser visible en la intimidad de sus esposos/dueños. Demuestran estos, así, su visceral desprecio por el sexo femenino, pues acaso no es en él todo bello? Unas lucen un rostro hermoso o un pecho deslumbrante, y las otras un pelo sedoso y negro como la noche o una simpatía sin par. Ninguna carece de atractivos, ninguna deja de despertar nuestra admiración.
Privilegiar una zona de su persona es ningunear, con necia y abusiva actitud, el resto y demostrar una vez más, por si aún cabe alguna duda, que el ser humano es, por encima de todo, un lobo para su especie.







