Palmeras para aburrir. Señores y señoras viajeros/as, llévense una palmera en la maleta, un galón de petróleo y un lingote de estaño, aderécenlo con unas torres petronas, una mezquita y una pagoda, todo, claro está, en grandiosa miniatura, y tendrán de por vida los más gratos recuerdos de Malasia. Añádanle a eso el calor y el sudor pegajoso, las aceras cochambrosas, los rascacielos rutilantes, los velos musulmanes, la lozanía de la gente y, sobre todo, sazónenlo con los galimatías del guía Paco y su abuela. Poco faltará para saber que hemos viajado a ese país, que es moderno, bonito y acogedor… pero que jamás lo cambiaríamos por el nuestro.
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